Sabino Guisu
“Liquorice tart icing pudding brownie jelly-o. Cupcake marshmallow oat cake marshmallow danish jelly soufflé.”

INICIO
Viscosa y nebulosa. Ofusca y transparente. Esas son algunas de las virtudes que Sabino Guisu, artista plástico originario de Juchitán, Oaxaca, ha mezclado en su variada obra, amalgama de símbolos; entre los que destacan el jazzista Miles Davis o un Tzompantli de cráneos multicolor.

Se inició en la gráfica por medio de las caricaturas y el vasto rayado de sus cuadernos de primaria. Luego se acercó a la pláscita creando soldaditos de arcilla que esgrimaban espinas y vidrios rotos. De su padre pintor aprendió sobre los grabados de clásicos como Utamaro, Durero, Tamayo, y otros artistas, que para el entonces infante no erán más que hermosos dibujos. En su juventud se trasladó a la ciudad de Oaxaca, para estudiar flauta transversal. Se hartó de la pasividad y conformismo de sus maestros, y volteó la vista hacia las artes visuales.

ESTILO
La versatilidad de su trabajo tiene un motivo clave, en palabras de Marcel Duchamp: “el artista es el que inventó su quehacer para no tener que ir a una oficina”. Esa convicción lo mantiene fascinado por las nuevas formas, que a su vez, se remiten a las artes antiguas, lo africano, lo prehispánico, las vanguardias; todo un manantial del que Sabino Guisu sorbe a cántaros para transgredir las barreras del arte contemporáneo, que piensa, es una farsa.

OBRA
El artista oaxaqueño no saca las ideas de su cabeza sin cautela. Estudia, se obsesiona, agota el tema y explora los límites más recónditos del saber para resignificar elementos que a primera vista, podrían no tener nada de artístico. Eso implica trabajo de estudio, desvelos y una taza de café.

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